20 marzo, 2009

Malnutrición

En ocasiones bajaba al musgo húmedo y ensortijado que crece bajo la suavidad tersa de la piedra pulida de su vientre. Me arrodillaba asomando la nariz para ver sus ojos caleidoscópicos ocultos bajo párpados dorados de trigo, para tentar sus labios entreabiertos de carmín con la yema de mis índices. En ocasiones jugaba a alimentarme en su abrevadero dulce y ver arquearse esa espalda suya de perlas como nudos.

Soy un puro hueso desde que no tengo aquel sexo que llevarme a la boca.

1 Comments:

Blogger Anita Solohayuna said...

comentaré este como podría haber comentado en cualquier otro.
Me gusta como escribes... conexo, sencillo, claro... y sobre todo fresco.
Me he divertido mucho leyéndote

11:05 p. m.  

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